Le hemos pedido a María Gallay, fundadora de la empresa Organización del orden, que nos cuente qué cinco consejos daría como experta a alguien con ganas de poner en el foco toda esa cantidad de cosas que tenemos (y no necesitamos). En realidad, y como ella misma dice, aunque anima a la gente a servir casi cualquier método de orden, “no todos sirven para todo el mundo”.
Gallay, autora también del libro El poder del orden, cuenta con “un plan de choque” que divide en diez pasos, y que concluye con la donación de las prendas y un autopremio al esfuerzo, pero nosotros nos hemos permitido el lujo de agruparlos en cinco pasos en este artículo que, estamos convencidos, te resultará tremendamente útil.
Plantéate un objetivo razonable
Gallay recomienda “calcular el tiempo con generosidad y elegir el momento adecuado”. Sin duda, no es fácil acertar con el cuándo a la hora de ordenar. Además, explica que cuando le pide a sus clientes que decidan de qué les gustaría liberarse, “quiere que puedan razonar y decidir bien”. ¿Por qué? En su opinión, si no se logra depurar, no sirve de nada; “pero si se decide a la ligera, surge el arrepentimiento y luego se retienen más cosas…, por si acaso”.
Vacía los armarios, cajones y rincones; clasifica por tipo de artículo y, finalmente, selecciona aquello que sobra
Sácalo todo sin dejar nada de nada. Gallay cuenta que, si es ropa, acuérdate de lo que puede estar en otro sitio de la casa o lo que tienes para lavar. “Es imprescindible ver al mismo tiempo todos los artículos de la misma categoría. Solo así te harás una idea realista; haciéndolo por partes, te engañas y no llegas al fondo”, continúa esta profesional del orden.
Pero, ¿cómo puedes tenerlo todo a la vista para que no se te escape absolutamente y, así, veas que efectivamente te puedes deshacer de bastantes cosas? Si es ropa, agrúpala sobre la cama haciendo pilas. Así, haz una con las camisetas de tirantes; otra para las de manga corta; otra para las de manga larga, las de cuello vuelto….
¡Ah!, y organiza cada una de ellas por color. “Así, verás cuántas prendas tienes de cada color –dice Gallay. Elige con sentido común lo que realmente usas. Lo que ya está amortizado y lo que no te va o lo que te sobra. Cuestiónatelo con sinceridad aplastante. Y cuando termines, haz otra pasada. Sin piedad”.
Elige un sitio práctico para cada cosa y adapta el espacio
Venga. ¡Ánimo! Lo más difícil está hecho. Ya has cribado la ropa. Ahora, te toca decidir dónde pondrás cada cosa. “Es la clave para que el orden se mantenga solo”, dice Gallay. Su receta para acertar es muy simple: “Asegúrate de que el sitio sea lógico, cómodo y práctico. Si estas reglas no se cumplen, configura el espacio para conseguirlo”. Para hacerlo, puedes recurrir a soluciones permanentes o también a accesorios temporales.
Anticípate al posible caos
La verdad es que este paso nos ha sorprendido. Da uno por hecho que, liberándose de cosas y decidiendo dónde colocarlas, ya está el trabajo hecho. Pero no. Gallay viene aquí al rescate y aconseja prevenir un futuro desorden “tomándonos un minuto para pensar si es necesario incorporar algo más, como una papelera o un gancho a la altura adecuada para que niño cuelgue la mochila al llegar del cole”.
Lo has ordenado todo fenomenal, pero si no etiquetas puede ser que no encuentres lo que buscas
Como decíamos al principio, a cada persona le funciona un método. Quizá, tú eres más de verlo todo por colores, por ejemplo. En todo caso, "si se tienen menos cosas y se ponen en su sitio lógico, aunque hayas cambiado todo, te será muy fácil encontrar lo que buscas", comenta la experta en orden.
Eso sí: si se comparte una vivienda, "las otras personas tienen que enterarse de dónde va cada cosa para respetar el nuevo orden". En este caso, etiquetar es una solución. Si no quieres hacerlo, Gallay recomienda "poner pósits orientativos y quitarlos cuando ya se vea que la idea funciona para todos".